Por Qué Nos Gusta Tocarnos la Cara

Y cómo dejar de hacerlo.

Por Bobbi Wegner, PhD, psicólogo clínico supervisor en Boston Behavioral Medicine y profesor de Desarrollo Humano y Psicología en la Facultad de Estudios de Posgrado en Educación de Harvard

Cuando la nariz nos pica, nos la rascamos. Cuando tenemos los ojos cansados, los frotamos. A veces nos tocamos los labios. A todos nos encanta tocarnos la cara. Por eso lo hacemos todo el tiempo. Lo hacemos tan a menudo que ni nos damos cuenta.

Una persona promedio se toca la cara unas 23 veces por hora. Esto equivale a una vez cada dos minutos y medio. Y casi la mitad de las veces nos tocamos los ojos, la nariz o la boca. Tocarse es agradable

Tocarse es agradable

Es una manera de calmarnos que comienza en el útero, antes de nacer. Hay muchas teorías de por qué nos gusta tocarnos la cara. Tal vez sea un mecanismo para lidiar con el estrés, o una manera de regular las emociones o incluso de recordar algo. Pero sea cual sea el motivo, lo hacemos de forma inconsciente y repetitiva. Y eso nos podría poner en riesgo. Especialmente ahora durante el brote del COVID-19.

La razón por la que algo aparentemente inofensivo como rascarse la nariz puede ser dañino es que los ojos, la nariz y la boca son una vía directa de entrada al cuerpo. Podemos infectarnos a nosotros mismos. Por ejemplo, si tenemos gérmenes en las manos y nos tocamos la boca, podemos tragarlos. O pueden entrar por la nariz o cuando pestañeamos.

Worried about a condition?

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Los gérmenes pueden ser algo bueno

Durante el día, la gente toca picaportes, tira la cadena del inodoro y vive en un mundo lleno de patógenos. Todo eso está bien e incluso es saludable. Un poco de exposición a gérmenes fortalece el sistema inmunitario. Pero el contacto con patógenos, especialmente durante un brote viral como el del COVID-19, puede ser peligroso.

Es casi imposible no contagiarse la ansiedad reinante en torno al riesgo de contraer esta enfermedad. En todas partes hay estadísticas sobre quiénes se están infectando o muriendo y los síntomas a lo que hay que estar alerta. Con esta pandemia vivimos cierta histeria que, al mismo tiempo que nos mantiene seguros, nos pone ansiosos.

Qué hacer

Tomar medidas de protección ofrece cierto grado de control. Y esto disminuye la ansiedad. Cambiar los hábitos y reducir el contacto con la cara minimiza el riesgo de infección. También nos ayuda a calmarnos. Saber que uno está haciendo lo que puede para estar seguro puede ser un fuerte antídoto al caos emocional.

Aprender a no tocarse la cara es un cambio simple que puede disminuir el riesgo de infección por COVID-19. También no mantiene más sanos el año entero, cuando otros virus menos peligrosos flotan en el ambiente.

Cómo dejar de tocarse la cara

1. La clave de cualquier cambio de conducta es proponerse una meta. Comience con una meta realista y alcanzable. En este caso, la meta general es “tocarse menos la cara”.

  • Comience el proceso de reentrenamiento fijándose una meta específica y factible, como “tocarme cara 15 veces o menos”. La meta se puede modificar gradualmente hasta llegar a “tocarme la cara sólo cuando es necesario”. Esto se consigue cambiándola gradualmente (por ejemplo, de 15 veces por hora a 10, y luego a 5).
  • No trate de fijarse metas demasiado ambiciosas que fracasarán, como no tocarse la cara del todo. Y asegúrese de seguir cumpliendo una meta durante al menos tres días consecutivos antes de pasar al nivel siguiente.
  • Propóngase metas precisas y completas. Esto facilita medir y seguir el cumplimiento. Por supuesto, será inevitable que sienta una picazón que tiene que rascar. Eso no significa que haya fracasado. Recuerde, el objetivo general no es torturarse a usted mismo sino ser consciente de sus acciones y reducir los toques frecuentes, repetidos e inconscientes.

2. Esta conciencia continua es fundamental para lograr el cambio de conducta. ¿Cómo parar si ni siquiera se da cuenta que se está tocando? Primero debe tomar conciencia de la frecuencia con que se toca la cara.

3. Comience simplemente por esto. Sea curioso y pregúntese: “¿Qué tan a menudo me toco la cara?” “¿Qué parte de la cara me toco?”

4. Hacer un seguimiento tomando notas es una intervención eficaz. Muchas veces, basta con notar un hábito para controlarlo. Si usted es consciente de una conducta, será mucho más fácil evitarla. Siga su progreso con una aplicación como Momentum, Way of Life o Piggyjar. Estas aplicaciones le ayudan a ser consciente y a consolidar la información nueva en su memoria. En última instancia, esto apoya el cambio de conducta. También puede anotar esta información en su teléfono.

5. Ahora, piense en “por qué”. “¿Por qué me estoy tocando la cara ahora?” “¿En qué estoy pensando en este momento?” “¿Cuál es mi nivel de estrés ahora mismo?” La mayoría de nosotros vivimos con más estrés y ansiedad por el COVID-19. Por eso, si tocarse la cara le resulta calmante, tal vez se la esté tocando más de lo habitual. El coronavirus podría estar activando este hábito inconsciente cuando su seguridad requiere que haga exactamente lo contrario. Tomar conciencia de una conducta es el primer paso para superarla.

6. Por último, para cambiar una conducta se necesitan alternativas. Comience con el pensamiento. Dígase, “La mejor manera de mantenerme sano es no tocarme la cara”. Fíjese esto como prioridad. Dígaselo mentalmente cada vez que esté por tocarse la cara o que se dé cuenta de que lo está haciendo y, en general, durante el día (incluso si no se la está tocando). Ponerse notas en un espejo o en la pantalla de la computadora y enviarse recordatorios en el teléfono puede reforzar el cambio de conducta.

7. Ofrézcase alternativas. En lugar de apoyarse la cabeza en las manos, acaríciese el pelo. Frótese delicadamente los brazos. O mejor aún, programe lavarse las manos durante el día. Esta es una medida preventiva y autocalmante aprobada para el COVID. Y hacerlo le ayudará a sentirse bien.

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